jueves, septiembre 17, 2009

Malos conductores

Con este título, muchos de vosotros estaréis pensando que voy a hablar de alcohol y conducción, y habréis acertado a medias, voy a hablar de alcohol y conductividad… eléctrica.

El alcohol es un mal conductor de la electricidad, es decir, que ejerce una gran resistencia a la transmisión de la corriente eléctrica a través de él, esto que parece que no nos afecta demasiado en nuestra vida cotidiana es un efecto que muchos de nosotros notamos más veces de lo que esperáis. Pero antes de explicaros esto, permitidme una pequeña introducción:

El alcohol que consumimos en las bebidas recibe el nombre de etanol, y es producido por fermentación o destilación de los frutos de diferentes plantas o cereales. Las bebidas alcohólicas contienen distintas concentraciones de etanol, mientras la cerveza suele contener un 5%, algunos licores como el vodka contienen un 40%. También existe de manera natural en nuestro organismo, ya que es producido a partir de los hidratos de carbono por las bacterias y levaduras presentes en nuestro intestino, algo curioso, ya que también actúa para nuestro cuerpo como una toxina, de hecho es la intoxicación producida por una sustancia extraña al cuerpo más frecuente.
Cuando consumimos alguna de estas bebidas el alcohol pasa del intestino al flujo sanguíneo. A partir de ahí nuestro cuerpo comienza a asimilarlo. La velocidad a la que nuestro organismo puede asimilar el alcohol depende de algunos factores como nuestro peso, sexo, o estado de nuestro hígado. De modo que sus efectos se dejarán ver más pronto o más tarde y, durante más o menos tiempo en función de estos factores.

El alcohol es capaz de pasar la barrera hematoencefálica, lo que significa que pasa del flujo sanguíneo a nuestro cerebro, donde se añade al líquido que hay entre nuestras células nerviosas. Como hemos visto al principio, el alcohol es un mal conductor de la electricidad, lo que modifica la conductividad eléctrica de dicho líquido, interfiriendo en el movimiento de las señales eléctricas a lo largo de las fibras nerviosas. Estas señales eléctricas, que no son otra cosa que nuestros pensamientos y las órdenes que nuestro cerebro da a nuestro cuerpo, debido al alcohol se transmiten más lentamente, haciendo que reaccionemos y nos movamos de manera lenta y torpe.

Con lo que ya hemos llegado a la idea principal de este artículo, que es que la baja conductividad eléctrica del alcohol, que lo hace un mal conductor, también nos convierte a nosotros en malos conductores, entre otras cosas.

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6 Comments:

Anonymous Algiro said...

Menuda paranoia la proxima vez que esté croqueta y me de por pensar en que es por culpa de que el alcohol es mal conductor ;)
¡Ya era hora!

11:17 p. m.  
Anonymous yambra said...

¿Croqueta? Vergüenza de tus hijos ponerte croqueta...

Un saludo, José, a ver si es verdad y actualizáis el blog más a menudo.

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